Hay quien dice que la ansiedad es el exceso de preocupación por el futuro, y que la depresión viene motivada por algo que nos agobia desde el pasado.
A algunos seguidores de MotoGP (y a determinados medios también), les sucede algo parecido con la temporada que arranca este fin de semana.
Faltan apenas horas para que los motores vuelvan a rugir y hay quien sigue obstinado en decir que en Ducati el año pasado se dedicaron a fastidiar a Pecco Bagnaia, que la Desmosedici de Marc Márquez era mejor y muy diferente a la del turinés.
Y cuando casi no han sacado los calentadores de las ruedas no faltan las quinielas para “deducir” cómo evolucionará este año el “mercatto”, ni las elucubraciones sobre los cambios de marca que hará tal o cual piloto. Incluso hay quien ha entrado en convulsiones de tanto especular sobre si Marc terminará su trayectoria deportiva con los de Borgo Panigale, y si volverá a Honda para su “último baile”.
Que después de la temporada que ahora empieza la parrilla presentará en 2027 un aspecto completamente diferente es una certeza absoluta. Este año son muchos los pilotos que terminan contrato con sus marcas actuales y, quien más quien menos, buscará por medio de un cambio de aires nuevos argumentos y motivaciones refrescadas para intentar lo que siempre imaginaron y soñaron, pero que no en todas las veces lograron.
Puede que Marc Márquez no comience la campaña en la condición física que esperaba, recuperándose aún de la lesión que le impidió disfrutar del final del curso pasado con el esplendor que merecía. Pero nadie pone en duda que él es, de nuevo, el hombre a batir, la referencia absoluta para todos.
La pre-temporada nos ha dado múltiples informaciones de cómo está cada cual antes de este GP de Tailandia. Pero ¿qué hay de verdad y qué de mentira en lo demostrado por cada cual?
MotoGP en este sentido no es F1. Aquí las cosas son siempre más transparentes, y el habitual juego del despiste que suelen realizar los de los coches aquí es más inusual. Marc, por ejemplo, nunca deja ver todas sus cartas en los ensayos previos.
Pero, a diferencia de lo visto en los coches, la fotografía que nos ha dejado la pre-temporada puede que sea bastante real. Sin embargo, el mundial es largo, muy largo. Y pueden pasar cosas. Qué pasarán, porque siempre suceden.
Está claro que habrá que contar de nuevo con Alex Márquez y que Bagnaia parece más inspirado de lo visto al inicio de 2025. Que la competitividad de Aprilia expresada por el velocísimo Bezzechi es incuestionable. Que las Honda vuelven a ir bien. Que las ganas de los pilotos de KTM siguen al acecho. Y que la Yamaha es otra vez una castaña.
Pero de ahí a decir que está todo ya decidido, y fiarlo todo a 2027 como si este año fuera un trámite, hay todo un trecho.
Disfrutemos de un 2026 que promete ser fantástico. Olvidémonos de teorías “conspiranóicas”. Lo que viene es tan apasionante, que preocuparse por el pasado u obsesionarse con el futuro parece poco inteligente.