Carlos Daniel Gutiérrez, Sanyo, nos recibe en un hotel de Sabadell acompañado del imprescindible bolso con el mate que delata a cualquier argentino que se precie. Hoy, Sanyo tiene 41 años y es el número 30 del ranking mundial. Lejos queda la época de número uno de este jugador que llegó a España con la ilusión de hacer algo grande en el pádel y lo consiguió con creces. Ha sido, sin duda, una de las mejores derechas que ha dado este deporte, no en vano sigue siendo el 'Mago de San Luis' y todavía conserva ese don en la pista que, en su día, cuando era un niño, una vocecita interior le pidió que escuchara y lo desarrollara para convertirse en un ídolo. Le hizo caso, y lo consiguió.
Empieza una nueva temporada, ya van unas cuantas, ¿cómo te sientes?
Hay algo muy importante, no pierdo la ilusión de empezar. Creo que eso es lo que me mantiene todavía activo. El día que no tenga esa ilusión de empezar un año, de hacer una pretemporada, de levantarme, ir a entrenar, de salir a correr, con lo que eso cuesta, va a ser cuando vea que mi cabeza y mi cuerpo me están pidiendo un descanso. Pero por ahora mantengo la ilusión y tengo ganas.
¿Qué esperas de este 2026?
Primero que nada, estar sano, y a partir de ahí salir a competir. Si el brazo me responde y el cuerpo me responde, en pistas normales o pistas tirando lentas creo que todavía puedo hacer algún resultado. Evidentemente sé dónde estoy, tengo ganas de seguir mejorando, tengo ilusión de seguir con Gonza mejorando día a día y mejorando como pareja, pero sé que estoy parado en un lugar diferente de donde estuve toda mi carrera. No dejo de entrenar ni un solo día, lo sigo tomando como mi trabajo principal, pero tal vez no me enojo tanto cuando viene un chico de 22 años y me gana 6-3, 6-3, porque tal vez está dentro de lo normal, tengo que empezar a aceptarlo.
¿Cómo has llevado esta transición de ser número uno a saber que esto ya es una utopía?
El peor momento fue el después de Tapia, porque a todos mis compañeros siguientes les pedía eso, les exigía eso. Me preguntaba: ¿Cómo puede ser que yo el año anterior, terminara jugando semifinales, finales, campeonatos, peleando el número uno, y en marzo del año siguiente no pelee el número uno y tal vez no pelee por finales? Ese duelo fue difícil, muy duro. Era una guerra contra mi cabeza, contra lo que yo quería y contra lo que no pasaba. Ese fue el peor momento.
Recibí muchas críticas con Momo, pero no lo hacía de mala persona o de mal compañero, sino que yo venía exigiendo un nivel excepcional que había tenido al lado a otros compañeros que tal vez todavía no estaban en ese nivel
Lo pagaron tus compañeros
Mi peor momento a nivel mental se lo llevó Momo, siempre lo digo. Recibí muchas críticas con Momo, pero no lo hacía de mala persona o de mal compañero, sino que yo venía exigiendo un nivel excepcional que había tenido al lado a otros compañeros que tal vez todavía no estaban en ese nivel. Ese fue el momento más duro.
¿Tema superado?
Hoy es diferente. Lo tengo totalmente asumido. Tal vez no llegarán títulos de Premier, pero se ha abierto un abanico con los torneos FIP que dan la posibilidad de que gane otra gente. Tal vez algún día se puede ganar un FIP. Eso no lo descarto.
¿Como has conseguido cambiar esta actitud?
A los golpes. Pasando días malos, de mal humor, pasándolo mal después de un torneo. No te puedo decir que me salió bien y que lo hice pensado y trabajándolo, porque no es real. Yo no iba a ir a un psicólogo y decirle ‘quiero que me prepares para no ganar más’. No. Mi voz interior quería seguir luchando por ganar. En ese aspecto creo que tendría que haber pedido más ayuda a un profesional.
¿Lloraste mucho?
La última vez que lloré fue raro porque eran sentimientos encontrados, y voy a ser muy sincero. Eso no lo sabe nadie, pero la última vez que lloré fue el día del último partido de Belasteguín. Me vi reflejado en él, más allá de que él fue mucho más que yo en este deporte y ganó mucho más. Ese último punto cuando se da la vuelta y llora… me emociono hoy por hoy. Creo que ahí vi que lo mío estaba cerca. Lo estábamos viendo por televisión con mi mujer y mis hijos, y me chocó y me hizo llorar. Creo que un poco fue por la pena que un jugador como Bela terminara su carrera y porque me veía reflejado en él.
Bela logró que yo lograra, a nivel personal, mi excelencia. Si yo no hubiese trabajado como trabajé, creo que difícilmente hubiese podido ganar algún título
¿Bela te ha hecho mejor?
Bela logró que yo lograra, a nivel personal, mi excelencia. Si yo no hubiese trabajado como trabajé, creo que difícilmente hubiese podido ganar algún título. Yo pelé contra un Belasteguín con Juan Martín, contra un Belasteguín y Pablo Lima, contra un montón de jugadores, pero siempre la dupla Belasteguín y un zurdo eran los grandes dolores de cabeza. Yo soy diestro, mido 1’70, era una guerra. A mí me tocaba ir a la guerra con un tenedor de plástico. El nivel de esas parejas y de Belasteguín logró que yo sacara mi mejor versión.
Qué pena que como compañeros no funcionara.
Tuvimos mala suerte también. En la primera etapa con Bela si no se hubiera lesionado en Santander hubiésemos peleado por el número uno, sin ninguna duda. Estábamos jugando a un nivel excepcional.
¿El pádel es injusto?
Yo creo que el pádel es injusto desde el punto de vista de que tú puedes tener tu mejor día, o puedes pasar durante años a tu mejor nivel, pero necesitas un compañero y ambos tienen que rendir a la misma altura. Si uno de los dos baja, tal vez se pierda un partido o se pierda un torneo. Siempre vas a necesitar a un compañero. Con el tiempo aprendí que hay que cuidarlo, que hay que mimarlo, que hay que tratar de estar lo más cercano posible. Yo me he equivocado en esto en mi carrera un montón de veces. He sido muy exigente y tal vez con poco cariño. No sabía pedir lo mismo de una manera cariñosa. Soy tan frontal en el momento de hablar que chocaba.
Se vio en varias ocasiones.
No lo hacía con mala intención. No es que quisiera matar a mi compañero, porque yo desde el principio sé que necesito a mi compañero para ganar. Pero sí me hubiese gustado hacerlo de una manera más cariñosa, de darle ese mimo tal vez cuando lo necesitaba. Creo que en eso sí el pádel es injusto. Yo puedo jugar el mejor partido de mi vida y si mi compañero durmió mal o le duele la pierna, pierdo habiendo jugado infinitamente mejor que los rivales. En eso sí es injusto, que lamentablemente es un deporte de dos.
Tú siempre has dicho que es un deporte individual.
Cada vez lo digo más. Hoy por hoy está comprobado. Primero, que las parejas no duran nada. En mis etapas con Maxi nosotros presentábamos un dossier como pareja. Dudo que alguien lo tenga hoy. Acá es todo individual. Yo puedo hacer equipo en el hotel, en el entrenamiento… pero la realidad es que después tenemos vidas separadas y somos jugadores individuales. Cada uno está pensando en él. Si una pareja eso no funciona, yo pienso en mí y busco a ver quién me posiciona mejor en el ranking.
¿Si cambiaría algo mirando atrás? A nivel de actitud, sí. Podría haber sido mejor compañero. A nivel de juego y de trabajo, no cambiaría nada
¿Si pudieras tirar para atrás, cambiarías muchas cosas?
A nivel de actitud, sí. Podría haber sido mejor compañero. A nivel de juego y de trabajo, no cambiaría nada porque he trabajado toda mi vida muy enfocado en lo que quería.
¿Qué es lo que más feliz te ha hecho del pádel?
Haber jugado con la selección argentina, haber conocido a mucha gente buena. Además, el pádel me abrió la posibilidad de conocer el mundo. Yo siempre digo que, ganes o no dinero, la vida de un deportista a nivel profesional es excepcional. Yo me levanto y mi mayor preocupación es ir a pegarle a una pelota y salir a correr o alzar cuatro pesas. He sido un privilegiado toda la vida. El deporte me ha dado un privilegio que tal vez otra persona no tiene.
¿Eres la persona que imaginabas cuando llegaste a España?
Buena pregunta. No.
¿Cómo te imaginabas en aquel momento?
Es que no lo sé. Cuando te vienes de Argentina es como que tienes una guerra a los cambios, tienes miedo a cambiar. Con el tiempo aprendí que los cambios son evolución y creo que he evolucionado a lo largo de mi vida a nivel personal.
¿Cuál fue el momento de tu carrera que consideras clave para haber llegado a ser número uno?
No voy a un momento de mi carrera, voy a la ilusión que tenía desde niño. Era como que un mensaje interior me lo decía y lo supe escuchar. Diría que esto nos pasa a todo el mundo, todos tenemos un mensaje interior y a veces lo obviamos porque pensamos que son locuras de uno mismo. Yo le hice caso a esa voz y creo que eso fue lo que me hizo llegar a ser lo que fui en este deporte.
Volvamos a la actualidad. ¿Vas a seguir con Gonza Alfonso? ¿Os habéis marcado objetivos a corto o medio plazo?
A nivel de ranking no nos hemos marcado nada. Evidentemente que hay algo clave que es intentar mantenerse dentro de las 16 primeras parejas porque hay una ventaja importante. Después, salir a pelear. ¿Qué significa eso? Que tenemos que mejorar. Y después algún día lucharle a las parejas de arriba, a las primeras ocho, para poder avanzar a cuartos de final y tal vez alguna semifinal. Estamos intentando mejorar día a día para sacar una mejor versión de esta pareja.
¿Crees que Gonza tiene todavía mucho que dar al pádel? Pasar de ser número uno en A1 Padel a ser un jugador de menos ranking en Premier Padel no tiene que ser fácil.
Él es muy consciente de qué hizo y cuál es la realidad ahora. Fue el mejor de ese segundo pelotón. Muchos chicos de esa segunda categoría, como la llamo yo, vinieron a Premier y hoy están luchando. Hay algunos jugadores que han demostrado que dan pelea y que tienen un buen nivel. Gonza creo que tiene claro que tiene que venir acá a remar de nuevo, que está en la posición que está y que tiene que trabajar para mejorar y para subir en el ranking. Pero yo lo veo muy mentalizado y creo que todavía tiene muchísimo por mejorar.
Tiene a un buen maestro al lado para conseguirlo.
Yo intento aportar lo que puedo. Con Gonza, lo bueno que tenemos es que somos muy autocríticos. Yo le doy algún consejo, pero siento que él se da cuenta de lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer.
En Riad ya aplicásteis las nuevas normas. ¿Qué sensaciones tuviste?
La norma del saque ni me enteré porque yo ya sacaba así y creo que tiene que ser así. El 'star point' me parece que está bien, no me disgusta. Son tres ventajas, así que ya tuviste tiempo de ganar el juego, no te limita nada. Lo que sí me parece poco es el calentamiento porque si vos me das tres minutos para entrar en calor, tienes que darme una pista alternativa antes y no las hay, así que yo dejaría los cinco minutos.
¿La pareja 1 y 2 están a un nivel inalcanzable?
Sí. No sé si en alguna época se vio tanta diferencia de la 1 y la 2 respecto al resto. Antes era la 1, la 2, la 3 y la 4 y se peleaba. Hoy, a nivel estadístico, no hay rivales para esas parejas. No sé cuántas finales jugaron el año pasado, a mí me llegó a aburrir el partido. Me encanta porque juegan una locura los cuatro y es el mejor pádel que se ha visto en la historia, pero necesitamos que hagan más fuerza los de atrás. Necesitamos más sorpresas porque, si no, el deporte se va a volver aburrido. Ojalá, por el bien del deporte, los de atrás empiecen a hacer más fuerza.
¿Qué opinas de los que dicen que a Chingotto no le da para ser número uno?
Chingotto me recuerda mucho mi posición. Tiene que salir a competir contra dos fenómenos, uno de ellos zurdo de 1’90 metros -me recuerda a Juan Martín y a Lima que no bajaba mucho con su 1'85 m.- y muy bien acompañado con otro crack que es Agustín (Tapia) -en aquel momento era Belasteguín-. Chingotto juega con un fenómeno y él es un fenómeno, pero se ha demostrado a lo largo de la historia que la pareja que domina el pádel normalmente la forman un diestro y un zurdo. Lo hizo Juan Martín, lo hizo Pablo Lima, después aparecí yo y detrás Lebrón que somos diestros y fuimos número uno, pero aguantamos menos arriba. Eso no quiere decir que no pueda llegar al número uno, yo llegué, pero no sé, ojalá no agache la cabeza y siga con la ilusión de conseguirlo.
Tiene al lado a Ale Galán que puede ayudarle.
Ale a mí me parece excepcional. Es el mejor jugador que yo he visto, el chico más completo que vi en toda mi vida. Creo que tienen que seguir, por lo menos para ponérselo difícil a los otros y para que nosotros sigamos disfrutando.
Como ves a las parejas nuevas: Yanguas/Stupaczuk, Augsburger/Lebrón, Guerrero/Navarro, Coki Nieto/Jon Sanz…
Son muy buenas parejas, pero siendo sincero me sorprendería que alguna de ellas les haga mucho ruido a las dos primeras, por lo menos este año. Lebrón y Ausburger en una cancha muy rápida pueden llegar a ganar alguna vez a las dos primeras, pero las otras, tal y como están formadas, lo veo difícil, sinceramente.
Momo González explicó que aprendió a poner el grip a la pala cuando jugaba contigo porque le daba vergüenza pedírtelo.
No lo sabía. Ahí te das cuenta de cómo te ve un chico cuando viene a jugar con vos. Si le daba vergüenza que yo le pusiera el grip seguramente tuvo un momento de tensión, de nerviosismo. Si en esa tontería él no era capaz de decirme nada, imagínate en algo más especial o en algo dentro de la pista. Ahí te das cuenta de lo que fue la pareja Momo-Sanyo. Tal vez me respetaba mucho. Quizás con un poquito menos de respeto se hubiese soltado más.
Supongo que estás al día del conflicto en Oriente Medio, en países que han apostado mucho por el pádel y donde algunos jugadores se han ido a vivir.
Espero que esto se termine, pero no solo por el pádel, el pádel es lo de menos ahora mismo. Que se termine de una vez por todas, que dejen de tirar bombas, que dejen de tirar tiros. Hay que gastar el dinero en otras cosas.