Con un 4-0 a favor, Simeone apostó por la prudencia y también por un riesgo calculado. Decidió no arriesgar. Su Atleti se atrincheró, cediendo el balón al Barça e invitándole a dominar la posesión, con la esperanza de cerrar el partido sin sobresaltos. La lógica era clara: proteger la ventaja y minimizar riesgos. Una lógica, sin embargo, que no iba con un Barça que creía firmemente en la remontada.
Leer la noticia completa