Después de meses en paz, regresó el barro del racismo con Vinicius. Todo empezó con un golazo suyo en el minuto 50. Y, a partir de ahí, la noche se emborronó de mala manera. Primero lo celebró con un baile en el córner donde se ubican los ultras del Benfica. Ahí le cayeron varios objetos y se montó la primera escaramuza, aunque todavía dentro de los límites. Lo siguiente fue mucho peor. Cuando el lío se disolvió, el brasileño le mostró la camiseta al público, el árbitro le sacó amarilla, el argentino Prestianni se lo fue a reprochar con un empujón y, según Vini, no solo con un empujón.